
Nuestra firma aseguró un acuerdo de $3.9 millones para la familia de un paciente que falleció como resultado de negligencia médica en un hospital de Las Vegas. Este caso destaca las consecuencias catastróficas que pueden ocurrir cuando los hospitales no siguen los protocolos básicos de monitoreo y seguridad del paciente, y la importancia de responsabilizar a los proveedores de atención médica.
El paciente fue ingresado al hospital mientras sufría de condiciones médicas subyacentes graves, incluyendo diabetes y enfermedad renal. Durante su hospitalización, experimentó múltiples eventos cardíacos. La evidencia reveló que el personal del hospital no monitoreó adecuadamente sus ritmos cardíacos y no respondió de manera oportuna cuando ocurrieron arritmias potencialmente mortales.
A través del descubrimiento y testimonios bajo juramento, nuestro equipo legal descubrió fallas sistémicas dentro de las prácticas de monitoreo y dotación de personal del hospital. Enfermeras y administradores testificaron que se pasaron por alto las alarmas de las estaciones centrales de monitoreo, los niveles de personal eran insuficientes y la comunicación entre departamentos falló. Estas fallas impidieron la intervención médica oportuna durante momentos críticos en los que el paciente podría haber sido estabilizado.
La defensa intentó argumentar que las condiciones médicas preexistentes del paciente hicieron inevitable su muerte. Nuestra firma refutó esas afirmaciones mediante amplias declaraciones de médicos, enfermeras y administradores del hospital, estableciendo que un monitoreo adecuado y una respuesta rápida le habrían dado al paciente una oportunidad significativa de supervivencia. La evidencia mostró que el resultado no fue inevitable, sino el resultado de fallas prevenibles en la atención.
Después de años de litigio disputado y desarrollo detallado de la evidencia médica, el caso se resolvió con un acuerdo de $3.9 millones. La recuperación proporcionó responsabilidad y seguridad financiera para la familia del paciente y reconoció la naturaleza prevenible de lo ocurrido.
Aunque ningún acuerdo puede deshacer la pérdida de un ser querido, este resultado reconoció el valor de la vida del paciente y reforzó la obligación que tienen los hospitales de cumplir con los estándares de atención que sus pacientes merecen. El caso subraya cómo una representación legal experimentada puede descubrir la verdad cuando los sistemas médicos fallan.